El próximo día 2 de diciembre, los andaluces han sido convocados a las urnas para elegir la composición de su Parlamento por undécima vez desde la aprobación de su Estatuto de Autonomía en 1981. Rafael Escudero, Rodriguez de la Borbolla, Manuel Chaves, José Antonio Griñan y Susana Diaz han llevado a cabo una larguísima carrera de relevos, que ha permitido al PSOE gobernar ininterrumpidamente la comunicad autónoma más poblada del Estado durante 36 años.

Desde que el pasado lunes, día 8, la presidenta Susana Diaz anunciara el adelanto electoral la atención de la clase política, los medios de comunicación y buena parte del mundo económico va, poco a poco, centrándose en lo que puede ocurrir en la única región en la que ha gobernado el mismo partido durante las cuatro décadas de democracia en España. Andalucía puede ser una referencia y un laboratorio político para el vertiginoso año electoral que tenemos por delante con elecciones autonómicas, locales, al Parlamento Europeo, generales y, probablemente, también en Cataluña.

Las elecciones de diciembre en Andalucía serán una buena piedra de toque para ver la salud electoral de la que goza el PSOE después de sus 36 años de dominio ininterrumpidos. Dentro del Partido Socialista, el resultado andaluz va a ser objeto de un minucioso análisis en el seno de su dirección federal y en la organización territorial que lidera Susana Diaz. Una victoria por encima de los 47 escaños -que obtuvieron los socialistas en 2015- dará margen para que tanto la líder andaluza como Pedro Sánchez se apunten el éxito y compartan la gloria. Otra lectura tendrá en los respectivos órganos de dirección del PSOE un retroceso significativo con respecto al de 2015. Las huestes de Susana Diaz lo imputarán a la política errática de Sánchez y a sus devaneos con los independentistas, y los sanchistas lo atribuirán al desacierto de Diaz a la hora de configurar alianzas y a los casos de corrupción respecto a los que intentará poner tierra por medio.

Sin duda, será objeto de análisis también la comparativa del resultado que obtenga el PSOE en relación con la marca de Unidos Podemos en territorio andaluz -Adelante Andalucía. Un crecimiento notable del Podemos andaluz a costa de los socialistas tendrá lectura en clave estatal y podrá afectar a la luna de miel de la que gozan las relaciones entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias.

 

 Más pública, medible, abierta y dura va a ser la batalla que en cada una de las ocho provincias andaluzas van a librar Pablo Casado y Albert Rivera. El resultado electoral que obtengan el PP y Ciudadanos en Andalucía puede marcar la pauta de quién puede colocarse en una mejor posición en el centro-derecha español, para afrontar las próximas elecciones generales, europeas, autonómicas y locales. Lo más peligroso para el PP no es que tenga un retroceso electoral con respecto a las elecciones del 2015 -que también-; lo que más le puede afectar a los populares es que pierdan la posición de referencia de la oposición en favor de Ciudadanos. Si los populares son superados por Ciudadanos, conllevaría probablemente la renuncia de su candidato Juan Manuel Moreno y pondría en una delicada situación a Pablo Casado de cara al exigente calendario electoral que tiene por delante.

Albert Rivera y los suyos estuvieron fuera del tablero, sin espacio político, después de la renuncia de Rajoy y el posterior relevo en favor de Casado. En un primer momento pareció que el nuevo líder popular, con su discurso entorno a la unidad de España, la política de acercamiento de presos  y la lucha contra la inmigración borraba del mapa a Ciudadanos y capitalizaba la única opción al PSOE. Los datos de las últimas encuestas desmienten esa apreciación.

El resultado electoral del diciembre andaluz puede ser también determinante a la hora de que Pedro Sánchez se decida a convocar para marzo elecciones generales anticipadas. Si el PSOE obtiene un buen resultado será enorme la tentación de aprovechar el tirón que ello puede suponer. Si el resultado que obtienen los socialistas es malo, también es toda una tentación convocar para evitar que la cosa vaya a peor. Andalucía despejará muchas incógnitas. Todo parece apuntar a que las andaluzas serán leídas como una primera vuelta de las convocatorias que están en el horizonte.