La vecindad que puebla y mantiene vivo el núcleo rural de Ayagaures y el caserío disperso que jalona el barranco cuna de la Charca de Maspalomas se viste de fiesta este fin de semana. Lo hará como cada primavera florida con el sano objetivo de compartir en familia y disfrutar entre amigos de los actos participativos que ha organizado con imaginación, colaboración del Ayuntamiento, mucho cariño y escaso presupuesto la nueva comisión vecinal.

Desde muy antiguo, los vecinos y vecinas de Ayagaures celebran sus fiestas aprovechando el buen tiempo y la estampa paisajística que les regala el Niño Dios, el pequeño santo patrón al que honran y rinden gran devoción con cirios y plegarias sentidas, para que les brinde mucha salud, un buen año de lluvia y fructíferas cosechas de frutales regados con mimo y un cariño sereno muy parecido al amor envejecido.

Las fiestas de Ayagaures son distintas. Son el reflejo del carácter afable, bondadoso y solidario de sus vecinos, esculpido por sus lazos de familiaridad y el poderoso entorno postal lento y amable de piedra, agua, agricultura y ganadería con el que conviven, alejados aunque no por eso ajenos del implacable ruido y la luminosa mercadotecnia que planea en la apresurada y cercana zona costera y turística.

Son unas fiestas sentidas y sencillas, como las que los vecinos de núcleos de medianías como Ayacata, Cercados de Araña o Risco Blanco organizan también, deliberadamente, concentradas en un solo fin de semana por motivos de escaso presupuesto pero, sobre todo, para poder reunir en fechas y en el entorno hogareño y doméstico más añejo a los hermanos e hijos, y a los hijos de los hijos, aquellos que un buen día y tiempo atrás emigraron hacia el futuro de la incertidumbre, buscando lazos de amarre vitales como una boda o una supuesta seguridad labora